A 78 años del asesinato de León Trotsky


El 20 de agosto de 1940, el mercenario de la burocracia estalinista, Ramón Mercader,  asesinó al último líder de la Revolución Rusa de Octubre de 1917. En sus horas finales, a pesar de la herida mortal en su cabeza, León Trotsky luchó cuerpo a cuerpo contra el cobarde adversario que le atacó por la espalda. Natalia Sedova, Joseph Hansen y otros camaradas fueron a su auxilio y le llevaron al hospital de la Cruz Verde de Coyoacán, México, país donde vivía como refugiado político. El revolucionario soportó el golpe hasta las 19:25 horas del día siguiente, cuando su corazón dejó de latir para siempre. Sus últimas palabras, dirigiéndose a sus camaradas, fueron: “les pido que digan… a nuestros amigos… que estoy seguro del triunfo de la Cuarta Internacional”[1].

Por Juan José Villa.

El asesinato de Trotsky se dio en medio de una fuerte etapa contrarrevolucionaria internacional iniciada en los años 20 y que se expresaría con toda su crudeza en la Segunda Guerra Mundial. El poderío de la contrarrevolución al interior del Estado Obrero yacía en el aislamiento de la Unión Soviética frente al dominio imperialista que rodeaba todas sus fronteras, situación que se complicaba sumado al atraso económico y cultural que el país heredó del zarismo. Tras la derrota de la revolución alemana en 1918 y las posteriores traiciones del estalinismo en Europa y el resto del mundo, el aislamiento se agudizó y las masas de trabajadores comenzaron a perder confianza en su capacidad de movilización. Este proceso fue propicio para que la burocracia soviética se fortalezca y desarrolle una política en defensa de sus privilegios en detrimento del poder del proletariado. Stalin fue el máximo representante de esta casta, y para evitar que la revolución desestabilice su régimen, combatió el internacionalismo revolucionario creando la “teoría del socialismo en un solo país”, una patraña inconcebible travestida con fraseología radical.

La Oposición de Izquierda Leninista

Frente a la degeneración burocrática del Estado Obrero, existió una postura crítica que se materializó en el programa de lucha de la Oposición de Izquierda Leninista liderada por Trotsky, que empezaba a reorganizar las fuerzas de la revolución en los años 20 y parte de los 30. Tenía el objetivo  de reformar al Partido Comunista antes de que se agudice la degeneración burocrática. La influencia del dirigente obrero en el movimiento de masas era profunda, pues lideró junto a Lenin la toma del poder, además de ser un reconocido teórico marxista, principal constructor y general del Ejército Rojo. Stalin no tenía la talla para enfrentar a la Oposición de Izquierda, su desconocimiento del marxismo era impresionante, así que se valió del uso de la fuerza y la falsificación de la historia para derrotarla. Sus artimañas se impusieron debido al triunfo de la etapa contrarrevolucionaria mundial que llevó a la pasividad al movimiento obrero. Desterró a Trotsky y asesinó en campos de concentración a sus seguidores, a la par de eliminar, en los Procesos de Moscú, a los viejos bolcheviques que militaron junto a Lenin en la época heroica, para evitar que alguno de ellos le dispute el poder en el futuro. Para justificar sus acciones, falsificó documentos históricos que mellaban la dignidad moral de los revolucionarios, tergiversó la teoría marxista haciéndola mecánica, absurda, petrificándola en folletos y manuales, y elevó el culto a su personalidad a niveles ridículos pero efectivos por la contrarrevolución.

¿Por qué el líder del Ejército Rojo no dio el Golpe de Estado contra Stalin?

Trotsky sabía muy bien que el concepto y acción de golpe se diferencia de la revolución por marginar a las masas del poder, para someterlas, por lo general, a un régimen bonapartista. De realizarse, significaba convertirse en el nuevo burócrata, igual o peor que Stalin.

En 1935, Trotsky escribió: “Es indudable que hubiera sido posible dar un golpe de estado militar contra la fracción de Zinoviev, Kamenev, Stalin y compañía sin la menor dificultad, sin siquiera derramar sangre; pero eso sólo hubiera servido para acelerar el ritmo de la burocratización y el bonapartismo contra los cuales luchaba la Oposición de Izquierda.”[2]

Y explicó claramente la postura revolucionaria: “Por su esencia, la tarea de los bolcheviques-leninistas no era la de apoyarse en la burocracia militar contra la burocracia partidaria, sino la de apoyarse en la vanguardia proletaria y por su intermedio en las masas populares, para dominar a la burocracia en su conjunto, purgarla de elementos extraños, someterla a la vigilancia y control de los obreros y reencauzar su política por la senda del internacionalismo revolucionario.”[3]

La revolución política

Trotsky desarrolla esta orientación con toda su solidez teórica en 1936, en su libro “La Revolución Traicionada”. Para los países capitalistas, adelantados y atrasados, está vigente la revolución social, mientras que para los Estados Obreros en proceso de degeneración, es necesario impulsar una segunda revolución contra la burocracia bonapartista. El autor explica el carácter de esta nueva revolución: “La historia ha conocido, además de las revoluciones sociales que sustituyeron al régimen feudal por el burgués, revoluciones políticas que, sin tocar los fundamentos económicos de la sociedad, derriban las viejas formaciones dirigentes (1830 y 1848 en Francia; febrero de 1917, en Rusia). La subversión de la casta bonapartista tendrá, naturalmente, profundas consecuencias sociales; pero no saldrá del marco de una revolución política.”[4]

Cuarta Internacional

Trotsky fundó la Cuarta Internacional en 1938 ante la degeneración absoluta del Comintern[5]. Con ella preservó la tradición bolchevique y consolidó el Programa de Transición revolucionario. El internacionalismo, la revolución social, la movilización de masas, la revolución política y la construcción del partido revolucionario hacen parte de su línea general de acción.

Después de su asesinato, la Cuarta se desorganizó, aunque hubo varios intentos de cohesión, pero no surgió una dirección capaz de reagruparla y llevarla al triunfo hasta el momento. Esto se explica, en un primer período, por la situación objetiva de los años 20 hasta finales de los 40 que potenció a la contrarrevolución y esta exterminó a los revolucionarios que habían triunfado en 1917 y su generación precedente.

Después llegó la etapa revolucionaria, la capacidad de movilización retornó, las insurrecciones estallaban ante los gobiernos burgueses. El estalinismo había enraizado fuertemente en el movimiento obrero. En momentos en que la lucha ascendía apelaban al pacto con la burguesía a través de la política de conciliación de clases, creando ilusiones electoralistas y parlamentarias en los trabajadores para llevarlos a la derrota. A la cabeza de esto estuvo la política estalinista del Frente Popular, hoy conocida como “populismo”. De ahí en adelante, las traiciones se fueron propagando. En el movimiento trotskista una serie de variantes de esta línea causaron y siguen causando muchos estragos.

Cuando Trotsky dijo “estoy seguro del triunfo de la Cuarta Internacional”, tenía razón, la práctica lo demostraba en Bolivia, 12 años después de su asesinato. Sin embargo, para ese entonces la Internacional carecía de una dirección probada y experimentada. Los que tomaron la posta, además de ser inexpertos, eran profundamente oportunistas.

En Bolivia, el trotskismo organizado en el Partido Obrero Revolucionario (POR) de Guillermo Lora pudo tomar el poder en la revolución nacional de  1952 si hubiera seguido el Programa de Transición de trotsky, pero prefirió seguir una política de conciliación de clases, otorgando el apoyo crítico al MNR, partido burgués de Paz Estenssoro, en lugar de luchar por el poder de las milicias de trabajadores y la Central Obrera Boliviana. En este país, el programa trotskista no fue el que falló, sino, las nuevas direcciones de la Cuarta Internacional que lo hicieron a un lado privilegiando el oportunismo.

Actualidad del Trotskismo

Como Trotsky predijo, la burocracia llevó a la restauración capitalista a los ex Estados Obreros a finales de los 80.  Pero eso no significó el fin de las movilizaciones de masas. Todo lo contrario, quienes derrocaron a la burocracia estalinista fueron los trabajadores, pero por la falta de dirección, cedieron el paso a las políticas de reacción democrática del imperialismo. La contrarrevolución se vestía de electoralismo y parlamentarismo burgués.

El año 2000 inició con fuertes revoluciones  en América Latina y el mundo. Sin embargo, la política de conciliación de clases volvió a apoderarse de la izquierda mundial bajo otros nombres y burócratas. Las bases fundamentales del trotskismo continúan vigentes para combatir a las direcciones traidoras. Si bien la revolución política ya es un factor desactualizado (porque no existe ningún Estado Obrero en nuestra época), la revolución social, el internacionalismo, la movilización y la construcción del partido revolucionario es una necesidad actual imperiosa para romper las cadenas de la explotación y opresión.

[1] Hansen, Joseph. Con Trotsky hasta el final, septiembre de 1940, México.

[2] Trotsky, León. ¿Cómo venció Stalin a la oposición? 12 de noviembre de 1935.

[3] Ibid.

[4] Trotsky, León. La Revolución Traicionada, ¿Qué es y adónde va la URSS? Madrid: Fundación Federico Engels,  pág. 212.

[5] Internacional Comunista o Tercera Internacional que degeneró en manos del estalinismo.