A LA MEMORIA DEL VIEJO (Obituario de León Trotsky)


DISCURSO DE JAMES CANNON  ANTE LA MUERTE DE LEÓN TROTSKY

En conmemoración a los 76 años de la partida de León Trotsky, líder revolucionario bolchevique y fundador de la Cuarta Internacional, reproducimos el discurso elaborado por James Cannon en homenaje al maestro de la revolución socialista internacional. Cannon fue uno de los más grandes constructores de partidos trotskistas de la Cuarta Internacional en el siglo XX, en el período comprendido entre los años 20 y 50. En aquellas décadas, la contrarrevolución estalinista en auge fue combatida implacablemente por los revolucionarios trotskistas. Pero, la burocracia estalinista asestó un duro golpe a nuestro movimiento el 20 de agosto de 1940, hiriendo de muerte a Trotsky en un acto criminal. El corazón del revolucionario que condujo la Revolución Rusa a la victoria dejó de latir en la madrugada del 21 de agosto. Las justas palabras de Cannon expresan el sentir y pensamiento de los revolucionarios que luchamos por construir la Cuarta Internacional después de la pérdida de nuestro maestro. Con el puño en alto continuamos la lucha de Trotsky, que es la honesta continuación de la lucha de Marx, Engels y Lenin por la liberación de la humanidad.

MST-JS

Este discurso fue pronunciado el 28 de Agosto de 1940 en el Mitin en Recuerdo de Trotsky, que tuvo lugar en el Hotel Diplomat en la ciudad de Nueva York,

Fue publicado por primera vez en Socialist Appeal, Septiembre 7, 1940.

(Traducido del inglés por Patricio Guzmán)

A LA MEMORIA DEL VIEJO

La vida conciente entera del camarada Trotsky, desde el momento en el que entró en el movimiento de trabajadores en la ciudad rusa provincial de Nikolayev a la edad de dieciocho años hasta el momento de su muerte en Ciudad de México cuarenta y dos años más tarde, estuvo completamente dedicada a trabajar y luchar por una idea central. Defendió la emancipación de los trabajadores y todos los pueblos oprimidos del mundo, y la transformación de la sociedad del capitalismo al socialismo por medio de una revolución social. En su concepción, esta revolución social liberadora requiere para su triunfo la dirección de un partido político revolucionario de la vanguardia obrera.

En su entera vida conciente el camarada Trotsky ni una sola vez se apartó de esta idea. Nunca dudó de ella, y nunca dejó de luchar por su realización. En su lecho de muerte, en su último mensaje para nosotros, sus discípulos – su último testamento – proclamó su confianza en su idea de vida.: “Diga a nuestros amigos que estoy seguro de la victoria de la Cuarta Internacional – ¡adelante!”

Todo el mundo conoce su trabajo y su testamento. Los cables de la prensa del mundo han difundido su último testamento y lo han dado a conocer a millones en el mundo. Y en las mentes y corazones de todos los que se afligen con nosotros esta noche en el mundo, se destaca una pregunta. ¿El movimiento que él creó e inspiró sobrevivirá su muerte? ¿Serán sus discípulos capaces de mantener sus filas unidas, serán capaces de realizar su testamento y realizar la emancipación de los oprimidos a través de la victoria de la Cuarta Internacional?

Sin la menor vacilación damos una respuesta afirmativa a esta pregunta. Aquellos enemigos que previeron un colapso del movimiento de Trotsky sin Trotsky, y aquellos amigos pusilánimes que lo temen, solo demuestran que no entienden a Trotsky, lo que fue, lo que significó, y lo que dejó detrás. Jamás una familia que perdió un ser querido ha recibido una herencia tan rica como esta del camarada Trotsky, que como padre de familia previsor, ha dejado a la familia de la Cuarta Internacional como albaceas de toda la humanidad progresiva. Nos ha dejado una gran herencia de ideas; ideas que fijarán la carta de navegación hacia la gran libertad futura de toda la humanidad. Las poderosas ideas de Trotsky son nuestro programa y nuestra bandera. Son una clara guía de acción en todas las complejidades de nuestra época, y una constante confirmación que tenemos la razón y que nuestra victoria es inevitable.

Trotsky mismo creía que las ideas eran el mayor poder en el mundo. Sus autores podían ser muertos, pero las ideas, una vez promulgadas, viven su propia vida. Si son ideas correctas, hacen su camino traspasando todos los obstáculos. Este fue el concepto central, dominante de la filosofía del camarada Trotsky. Nos lo explicó a nosotros, muchas, muchas veces. Una vez escribió: “No es el partido el que hace el programa (la idea); es el programa el que hace el partido.” En una carta personal para mi, él escribió una vez: “Trabajamos con las ideas más correctas y poderosas en el mundo, con fuerzas y medios materiales inadecuados numéricamente. Pero las ideas correctas, en el largo plazo, siempre conquistan y hacen posibles para si los medios y fuerzas materiales necesarias”.

Trotsky, un discípulo de Marx, creía con Marx que “una idea, cuando penetra en las masas, se transforma en una fuerza material.” Creyendo esto, el camarada Trotsky nunca dudó que su trabajo viviría después de él. Creyendo esto, pudo proclamar en su lecho de muerte su confianza en la futura victoria de la Cuarta Internacional que encarna sus ideas. Los que dudan de esto no conocen a Trotsky.

Trotsky creía que su mayor influencia, su mayor valor, consistía no en vida física, no en sus hechos épicos, que eclipsan los de todas las figuras heroicas en la historia por su extensión y grandeza, sino en lo que dejaría detrás de él después que los asesinos hubieran hecho su trabajo. Él sabía que su destino fatal estaba sellado, y trabajó contra el tiempo con objeto de dejarnos todo lo que fuera posible a nosotros, y a través de nosotros a la humanidad. Durante los once años de su último exilio se encadenó a si mismo a su escritorio como un esclavo de galera y trabajó, como ninguno entre nosotros sabe trabajar, con tal energía, persistencia y auto disciplina, como solo los hombres de genio pueden laborar. Trabajó contra el tiempo para verter de su pluma todo el rico contenido de su mente poderosa y preservarlo como escrito permanente para nosotros, y para aquellos que vendrán después de nosotros

Todo Trotsky, así como todo Marx, está preservado en sus libros, sus artículos y sus cartas. Su voluminosa correspondencia, que contiene algunos de sus pensamientos más brillantes, ahora tiene que ser recopilada y publicada. Cuando esto sea hecho, cuando sus cartas estén publicadas junto con sus libros, sus panfletos, y sus artículos, nosotros, y todos aquellos que se unen a nosotros en la lucha de liberación de la humanidad, todavía tendremos a nuestro Viejo para ayudarnos.

Sabía que el súper Borgia en el Kremlin, Caín-Stalín, quien ha destruido toda la generación de la revolución de octubre, lo había marcado para ser asesinado y tendría éxito tarde o temprano. Es por eso que trabajaba con tanta urgencia. Es por esto que se apresuraba en escribir todo lo que tenía en su mente y ponerlo en papel en forma permanente donde nadie lo pudiera destruir.

Apenas la otra noche, conversé en la cena con uno de los leales secretarios del Viejo – un joven camarada que le sirvió por un largo tiempo y conocía su vida personal, como la vivió en sus últimos años de exilio, muy íntimamente. Lo urgí a escribir sus recuerdos sin demora. Le dije: “Todos tenemos que escribir todo lo que conocemos sobre Trotsky. Todos tienen que registrar sus recuerdos e impresiones. No tenemos que olvidar que nos movimos en la órbita de la más grande figura de nuestro tiempo. Millones de personas, generaciones que todavía están por venir, estarán hambrientas por cada pedacito de información, cada palabra, cada impresión que arroje luz sobre él, sus ideas, y su vida personal.”

Me respondió: “Yo puedo escribir sobre sus cualidades personales como las observé; sus métodos de trabajo, su humanidad, su generosidad. Pero no puedo escribir nada nuevo sobre sus ideas. Ellas ya están escritas. Todo lo que tenía que decir, todo lo que tenía en su cerebro, está sobre papel. Parecía estar determinado a escudriñar hasta el fondo de su mente, sacar todo completamente y darlo al mundo en sus escritos. Recuerdo que muy a menudo, una conversación casual sobre algún tema aparecía sobre la mesa de la cena, una discusión informal tenía lugar, y el Viejo expresaría algunas opiniones nuevas y frescas. Casi invariablemente las contribuciones de la mesa del comedor encontraría la forma un poco más tarde de un libro, un artículo o una carta.”

Ellos no asesinaron a Trotsky de un golpe; no cuando este asesino, el agente de Stalín, le asestó el piolet desde atrás de su cráneo. Este fue solo el golpe final. Lo mataron de a poco. Lo mataron muchas veces. Lo mataron siete veces cuando mataron a sus siete secretarios. Lo mataron cuatro veces cuando asesinaron a sus cuatro hijos. Lo mataron cuando sus colegas de la Revolución Rusa fueron muertos.

A pesar de todo se mantuvo con sus tareas. Envejeciendo y enfermando, soportó todos estos golpes morales, emocionales y físicos para completar su testamento a la humanidad mientras tuviera tiempo. Reunió cada pensamiento, cada idea, cada lección de su experiencia pasada para legarnos un tesoro de literatura a nosotros, un tesoro que los meses y el óxido no pueden comer.

Había una profunda diferencia entre Trotsky y otros grandes hombres de acción y líderes políticos transitorios que influenciaron grandes masas durante su vida. El poder de esta gente, casi todos ellos, fue algo personal, algo incomunicable a otros. Su influencia no sobrevivió sus muertes. Simplemente recuerden por un momento los grandes hombres de nuestra generación o de la generación que acaba de pasar: Clemenceau, Hindenburg, Wilson, Theodore Roosevelt, Bryan. Ellos tenían grandes masas siguiéndoles e inclinándose sobre ellos. Pero ahora están muertos; y toda su influencia pereció con ellos. Nada queda salvo monumentos y elogios fúnebres. Nada era distintivo de ellos salvo sus personalidades. Ellos eran oportunistas, líderes de un día. No dejaron ideas para guiar e inspirar a los hombres cuando sus cuerpos se convirtieran en polvo, y su personalidad fuera un recuerdo.

No así con Trotsky, no así con él. Él era diferente. Él también, con seguridad, fue un gran hombre de acción. Sus hechos están incorporados en la más grande revolución de la historia de la humanidad. Pero, a diferencia de los oportunistas y líderes de un día, sus hechos eran inspirados por grandes ideas, y esas ideas siguen vivas. No hizo solamente una revolución; escribió su historia y explicó las leyes básicas que gobiernan todas las revoluciones. En su Historia de la Revolución Rusa que él consideraba su pieza maestra, nos dio la guía para hacer nuevas revoluciones, o más bien, para extender por el mundo la revolución que comenzó en Octubre de 1917.

Trotsky, el gran hombre de ideas, fue él mismo el discípulo de un hombre más grande todavía, Marx. Trotsky no creo ni reclamó el origen de las ideas más fundamentales que expuso. Él construyó sobre los fundamentos dejados por los grandes maestros del siglo XIX, Marx y Engels. Adicionalmente, él pasó por la gran escuela de Lenin y aprendió de él. El genio de Trotsky consistió en su completa asimilación de las ideas legadas por Marx, Engels y Lenin. Él dominó su método. Desarrolló sus ideas en condiciones modernas, y las aplicó con maestría en las luchas contemporáneas del proletariado. Para entender a Trotsky, tienen que entender que fue un discípulo de Marx, ¡Un marxista ortodoxo! ¡Luchó bajo las banderas del marxismo durante cuarenta y dos años! Durante los últimos años de su vida, dejó cualquier otra cosa completamente de lado para luchar una gran batalla política y teórica en defensa del marxismo en las filas de la Cuarta Internacional. Su último artículo, que quedó sobre la mesa de su escritorio sin pulir, el último artículo del que se ocupó, fue en defensa del marxismo contra revisionistas y escépticos contemporáneos. El poder de Trotsky, primero que nada y sobre todo, era el poder del marxismo.

¿Quieren una ilustración concreta del poder de las ideas marxistas? Sólo considren esto: cuando Marx murió en 1883, Trotsky apenas tenía cuatro años de edad. Lenin solamente catorce. Ninguno pudo haber conocido a Marx, o nada sobre él. Sin embargo, ambos llegaron a ser grandes figuras históricas debido a Marx, porque Marx había hecho circular ideas en el mundo antes que ellos nacieran. Esas ideas estaban viviendo su propia vida. Dieron forma a las vidas de Lenin y Trotsky. Las ideas de Marx estaban con ellos y guiaron cada uno de los pasos cuando hicieron la más grande revolución en la historia.

Lo mismo pasará con las ideas de Trotsky, que son un desarrollo de las ideas de Marx, nos influenciarán a nosotros, sus discípulos, que le sobreviven hoy día. Moldearán las vidas de discípulos muchos más grandes que todavía están por venir, que todavía no conocen el nombre de Trotsky. Algunos que están destinados a ser los más grandes Trotskistas están jugando en los patios escolares hoy día. Serán alimentados con las ideas de Trotsky, como él y Lenin fueron alimentados con las ideas de Marx y Engels.

De hecho, nuestro movimiento en los Estados Unidos tomó forma y creció sobre sus ideas sin su presencia física, incluso sin comunicación en el primer periodo. Trotsky estaba exiliado y aislado en Alma Ata cuando comenzamos nuestra lucha por el Trotskismo en este país en 1928. No teníamos contacto con él, y por largo tiempo no sabíamos si estaba vivo o muerto. Ni siquiera teníamos una colección de sus escritos. Todo lo que teníamos era un único documento de actualidad, su “Critica al Borrador de Programa del Comintern”. Eso fue suficiente. Con la luz de ese único documento vimos nuestro camino, comenzamos nuestra lucha con confianza suprema, pasamos la escisión sin vacilación, construimos la estructura de una organización nacional y establecimos nuestra prensa Trotskista semanal. Nuestro movimiento fue construido firmemente desde el comienzo mismo y ha permanecido firme porque fue construido sobre las ideas de Trotsky. Fue cerca de un año antes que pudiéramos establecer comunicación directa con el Viejo.

Lo mismo con las secciones de la Cuarta Internacional en el mundo. Sólo unos pocos camaradas individuales se reunieron con Trotsky alguna vez cara a cara. Aún así en todas partes lo conocían. En China y cruzando el océano en Chile, Argentina, Brasil. En Australia, en prácticamente todos los países de Europa. En los Estados Unidos, Canadá, Indochina, Sudáfrica. Nunca lo vieron, pero las ideas de Trotsky los soldaron juntos en un movimiento mundial uniforme y firme. Así continuará después de su muerte física. No hay lugar para la duda.

El lugar de Trotsky en la historia ya está establecido. Él permanecerá para siempre como una eminencia histórica junto con los otros tres grandes gigantes del proletariado: Marx, Engels, y Lenin. Es posible, de hecho es bastante probable, que en la memoria histórica de la humanidad su nombre evoque el más cálido afecto, la más sincera gratitud de todos. ¡Porque luchó por tanto tiempo, contra un mundo de enemigos, tan honestamente, tan heroicamente, y con una devoción tan desinteresada!

Las futuras generaciones de la humanidad libre mirarán con interés insaciable a esta época demente de reacción y violencia sangrienta y cambio social, esta época de agonía mortal de un sistema social y de las punzadas del nacimiento de otro. Cuando a través de los lentes del historiador vean cómo las masas oprimidas del pueblo en todas partes estaban buscando a tientas, ciegas y confundidas, mencionarán con desmedido cariño el nombre del genio que nos dio la luz, el gran corazón que nos dio coraje.

De todos los grandes hombres de nuestro tiempo, de todas las figuras públicas hacia las cuales se vuelven las masas en busca de guía en estos complicados, terribles, tiempos, solamente Trotsky nos explicó cosas a nosotros, él solo nos dio luz en la oscuridad. Su cerebro solo desveló los misterios y complejidades de nuestra época. El gran cerebro de Trotsky era lo que temían sus enemigos. No podían arreglárselas con él. En el increíble método con el que lo destruyeron había encerrado un profundo símbolo. ¡Golpearon su cerebro! Pero los productos más ricos de ese cerebro siguen vivos. Ya han escapado y nunca podrán ser recapturados y destruidos.

No minimizamos el golpe que nos han dado, a nosotros, a nuestro movimiento y al mundo. Es la peor calamidad. Hemos perdido algo de valor inconmensurable que nunca puede ser recuperado. Hemos perdido la inspiración de su presencia física, su consejo sabio. Todo eso se ha perdido para siempre. El pueblo ruso ha sufrido el peor de todos los golpes. Pero por el mismo hecho que la camarilla de Stalín haya tenido que asesinar a Trotsky después de once años, que lo hayan tenido que alcanzar fuera de Moscú, ejercido todas sus energías y planes para destruir la vida de Trotsky, es el mayor testimonio de que Trotsky sigue vivo en los corazones del pueblo ruso. Ellos no creyeron las mentiras. Esperaron y anhelaron su retorno. Sus palabras todavía están ahí. Su recuerdo todavía está vivo en sus corazones.

Unos pocos días antes de la muerte del camarada Trotsky los editores del Boletín Ruso recibieron una carta de Riga. Había sido enviada antes de la incorporación de Latvia a la Unión Soviética. Decía con palabras simples que la “Carta Abierta a los Trabajadores de la URSS” les había llegado, había llenado sus corazones de coraje y les había enseñado el camino. La carta sostenía que el mensaje de Trotsky había sido memorizado palabra por palabra, y que sería difundido boca a boca sin importar lo que pudiera pasar. En verdad pensamos que las palabras de Trotsky vivirán más en la Unión Soviética que el sangriento régimen de Stalin. En los venideros grandes días de liberación el mensaje de Trotsky será la bandera del pueblo ruso.

Todo el mundo sabe quién asesinó al camarada Trotsky. El mundo sabe que en su lecho de muerte acusó a Stalin y su GPU del asesinato. La declaración del asesino, preparada antes del crimen, es la prueba final, si se necesitaban más pruebas, que el asesinato fue un trabajo de la GPU. Es una mera reiteración de las mentiras de los juicios de Moscú, un intento estúpido de mente policial, en su último día, para rehabilitar el montaje que ha sido desacreditado ante los ojos de todo el mundo. Los motivos del asesinato surgen de la reacción mundial, el miedo a la revolución, y los sentimientos de odio y venganza de los traidores. El historiador inglés Macaulay subrayó que los apóstatas en todas las eras han manifestado una malignidad excepcional hacia aquellos a quienes han traicionado. Stalin y su banda de traidores estaban consumidos por el odio demencial por el hombre que les recordaba a ellos su ayer. Trotsky, el símbolo de la gran revolución, les recordaba constantemente la causa que ellos habían desertado y traicionado, y lo odiaban por eso. Lo odiaban por todas las grandes y buenas cualidades humanas que él personificaba y a las cuales ellos eran completamente ajenos. Estaban decididos a terminar con él a cualquier costo.

Ahora voy a una parte que es muy dolorosa, un pensamiento que, estoy seguro, está en las mentes de todos nosotros. En el momento que leímos del éxito del ataque estoy seguro que todos nosotros nos preguntamos: ¿No pudimos salvarlo un poco más tiempo? Si hubiéramos trabajado más duro, si hubiéramos hecho más por él. ¿No lo podríamos haber salvado? Queridos camaradas, no nos lo reprochemos. El camarada Trotsky estaba perdido y sentenciado a muerte años atrás.

Los traidores de la revolución sabían que la revolución vivía en él, la tradición, la esperanza. Todos los recursos de un estado poderoso, puesto en movimiento por el odio y la venganza de Stalin, se destinaron al asesinato de un solo hombre sin recursos y con solo un puñado de cercanos colaboradores. Todos sus compañeros de trabajo fueron asesinados; siete de sus leales secretarios, sus cuatro hijos. Aún a pesar que lo marcaron para la muerte después de su exilio de Rusia, ¡se salvó por once años! Esos fueron los años más fructíferos de toda su vida. Esos fueron los años en lo que se encontró en plena madurez para dedicarse a la tarea de resumir y fundir en forma literaria permanente los resultados de su experiencia y sus pensamientos.

Sus tontas mentes policiales no podían saber que Trotsky dejó detrás suyo lo mejor de sí mismo. Incluso en la muerte los frustró. Porque la cosa que más querían de todo era matar la memoria y la esperanza de la revolución que Trotsky dejó detrás suyo.

Si se reprochan a sí mismos o a nosotros porqué esta maquinaria asesina finalmente alcanzó a Trotsky y lo mató, tienen que recordar que es muy difícil proteger a alguien de asesinos. El asesino que acecha a su víctima noche y día a menudo rompe las más grandes protecciones. Incluso los zares rusos y otros gobernantes, rodeados por todos los poderes de la policía de grandes estados, no siempre pudieron escapar al asesinato de pequeñas bandas de terroristas decididos, equipados con los recursos más exiguos. Este fue el caso, más de una vez, en Rusia en los días prerrevolucionarios. Y aquí, en el caso de Trotski, ustedes tienen todo esto al revés. Todos los recursos estaban del lado de los asesinos. Un gran aparato de estado, convertido en una maquinaria asesina, contra un hombre y unos pocos discípulos leales. Así que si finalmente lo lograron, solo tenemos que preguntarnos, ¿hicimos todo lo que pudimos para prevenirlo o posponerlo? Sí, hicimos lo más que pudimos. Con plena conciencia, tenemos que decir que hicimos el máximo.

En las últimas semanas después del asalto del 24 de mayo, volvimos a poner en la agenda de nuestro comité directivo la cuestión de la protección del Camarada Trotsky. Todos los camaradas estuvieron de acuerdo que era nuestra tarea más importante, más importante para las masas de todo el mundo y para las generaciones futuras, que sobretodo teníamos que hacer todo lo posible para proteger la vida de nuestro genio, nuestro camarada, que nos ayudó y nos guió tan bien. Una delegación de dirigentes del partido hizo una visita a México. Resultó nuestra última visita. Allí, en esa ocasión, consultándolo con él, acordamos una nueva campaña para reforzar la guardia. Recolectamos dinero en este país para fortalecer la casa a un costo de miles de dólares; todos nuestros miembros y simpatizantes respondieron con gran sacrificio y generosidad.

Y a pesar de ello la maquinaria asesina consiguió abrirse paso. Pero aquellos que ayudaron incluso en el menor grado, tanto financieramente como con sus esfuerzos físicos, como nuestros valientes camaradas de la guardia, nunca se arrepentirán de lo que hicieron para proteger al Viejo.

En la hora en que el camarada Trotsky finalmente fue muerto, yo estaba regresando por tren de un viaje especial a Minneapolis. Había ido con el propósito de arreglar que camaradas nuevos y calificados bajaran y reforzaran la guardia en Coyoacán. De camino a casa iba sentado en el tren con un sentimiento de satisfacción que la tarea del viaje se había cumplido, los refuerzos para la guardia estaban provistos.

Entonces, cuando el tren pasó por Pennsylvania, cerca de las cuatro en punto en la mañana, llegaron los periódicos temprano con las noticias que el asesino había traspasado las defensas y enterrado un piolet en el cerebro del camarada Trotsky. Ese fue el comienzo de un día terrible, el más triste de nuestras vidas, cuando esperamos, hora tras hora, mientras el Viejo luchaba por su vida y combatía vanamente con la muerte. Pero incluso entonces, en esa hora de terrible dolor, cuando recibimos el mensaje fatal por el teléfono de larga distancia: “El Viejo está muerto” – no nos permitimos parar para llorar, saltamos inmediatamente al trabajo para defender su memoria y cumplir su testamento. Y trabajamos con más ahínco que nunca antes, porque por primera vez nos dimos cuenta con plena conciencia que nosotros teníamos que hacerlo todo ahora. Ya no podíamos apoyarnos en el viejo más. Lo hecho ahora, nosotros tenemos que hacerlo. Ese es el espíritu en el que tenemos que trabajar desde ahora en adelante.

Los amos capitalistas del mundo instintivamente entendieron el significado del nombre de Trotsky. El amigo del oprimido, el hacedor de revoluciones, ¡era la encarnación de todo lo que ellos odiaban y temían! Incluso en la muerte lo injuriaron. Sus periódicos salpicaron su filtro sobre su nombre. Él era el exiliado del mundo en tiempo de reacción. Ninguna puerta se abrió para él en ningún lugar excepto la de la República de México. El hecho que Trotsky fue excluido de todos los países capitalistas es en sí mismo una clara refutación de todas las calumnias de los Estalinistas, de todas sus groseras acusaciones de que él traicionó la revolución, que se volvió contra los trabajadores. Nunca convencieron a los capitalistas del mundo de esto. Ni por un momento.

¡Los capitalistas – de todo tipo – temen y odian incluso su cuerpo muerto! Las puertas de nuestra gran democracia están abiertas para muchos refugiados políticos, por supuesto. Toda clase de reaccionarios: canallas democráticos que traicionaron y desertaron su pueblo; monárquicos e incluso fascistas, todos ellos han sido bienvenidos en el puerto de Nueva York. ¡Pero ni siquiera el cuerpo muerto del amigo de los oprimidos puede encontrar asilo aquí! ¡No olvidaremos eso! Alimentaremos nuestro agravio cerca de nuestro corazón y en el momento adecuado tomaremos nuestra venganza.

La gran y poderosa democracia de Roosevelt y Hull no nos permitiría traer su cuerpo aquí para su funeral. Pero él está aquí de todas maneras. Todos nosotros sentimos que él está aquí en este salón esta noche – no solo en sus grandes ideas, sino también, especialmente esta noche, en nuestra memoria de él como hombre. Tenemos derecho a estar orgullosos que el hombre más grande de nuestro tiempo nos perteneciera, el cerebro más grande y el corazón más fuerte y leal. La sociedad de clases en que vivimos engrandece los pillos, los estafadores, los buscadores de sí mismos, los embusteros, y los opresores de la gente. Difícilmente se puede nombrar un intelectual representante de la sociedad de clase en descomposición, de alto o bajo nivel, que no sea un hipócrita miserable y un cobarde despreciable, preocupado antes que nada de sus propios asuntos personales intrascendentes y de salvar su propia piel sin valor. Que tribu despreciable son. No hay honestidad, ni inspiración, nada en todos ellos. No tienen un solo hombre que pueda prender una chispa en el corazón de la juventud. Nuestro Viejo fue hecho de un material completamente diferente. Se alzaba sobre esos pigmeos en su grandeza moral.

El camarada Trotsky no solo luchó por un orden social basado en la solidaridad humana como una meta futura; él vivió cada día de su vida de acuerdo a esos estándares más altos y nobles. No lo dejaban ser ciudadano de ningún país. Pero, en verdad, él era mucho más que eso. Él ya era en su mente, en su conducta, un ciudadano de la humanidad comunista del futuro. Este recuerdo de él, como un hombre, como un camarada, es más precioso que el oro y los rubíes. Con dificultad entendemos un hombre de este tipo viviendo entre nosotros. Nosotros, estamos todos atrapados en la red de acero de la sociedad de clases con sus desigualdades, sus contradicciones, sus convencionalismos, sus falsos valores, sus mentiras. La sociedad de clases envenena y corrompe todo. Todos somos empequeñecidos, distorsionados y enceguecidos por ella. Difícilmente podemos visualizar como serán las relaciones humanas, difícilmente comprendemos como será la personalidad del hombre, en una sociedad libre.

El camarada Trotsky nos dio un retrato anticipatorio. En él, en su personalidad como un hombre, como un ser humano, tuvimos un vistazo de cómo será el hombre comunista. Este recuerdo de él como un hombre, como un camarada, es nuestra mayor seguridad de que el espíritu del hombre, luchando por la solidaridad humana, es inconquistable. En nuestra terrible época perecerán muchas cosas. El capitalismo y todos sus héroes perecerán. Stalin y Hitler y Roosevelt y Churchill, y todas las mentiras e injusticias que ellos significan, desaparecerán con sangre y fuego. Pero el espíritu del hombre comunista que el camarada Trotsky representó no desaparecerá.

El destino nos ha hecho a nosotros, hombres de arcilla común, los más directos discípulos del camarada Trotsky. Ahora somos sus herederos, y estamos encargados de la misión de llevar a cabo su testamento. Tenemos confianza en nosotros. Él nos aseguró con sus últimas palabras que tenemos razón y que prevaleceremos. Solo necesitamos tener confianza en nosotros y en nuestras ideas, la tradición, y los recuerdos que nos deja como legado.

Todo se lo debemos a él. Le debemos nuestra existencia política, nuestra comprensión, nuestra fe en el futuro. No estamos solos. Hay otros como nosotros en otras partes del mundo. Siempre recuerden eso. No estamos solos. Trotsky educó cuadros de discípulos en más de treinta países. Ellos están convencidos hasta la médula de sus huesos de su derecho a la victoria. No vacilarán. Tampoco nosotros vacilaremos. “¡Estoy seguro de la victoria de la Cuarta Internacional!” Eso dijo el camarada Trotsky en el último momento de su vida. De eso estamos seguros.

Trotsky nunca dudó y nosotros nunca dudaremos que, armados con sus armas, con las ideas, dirigiremos a las masas oprimidas del mundo fuera de la confusión sangrienta de la guerra a una nueva sociedad socialista. Ese es nuestro testimonio aquí hoy día en la tumba del camarada Trotsky.

Y aquí ante su tumba testimoniamos que no olvidaremos nunca su mandato de despedida – que protegeremos y querremos a su esposa luchadora-  la leal compañera de todas sus luchas y de sus viajes errantes. “Cuidenla”, dijo, “ella ha estado conmigo muchos años”. Si, la cuidaremos. Antes que otra cosa, cuidaremos de Natalia.

Llegamos ahora a la última palabra de adiós a nuestro gran camarada y maestro, que ahora se convirtió en nuestro mártir más glorioso. No negamos el dolor que encoge todos nuestros corazones. Pero el nuestro no es el dolor de la postración, el dolor que mina la voluntad. Está temperado por la indignación, la ira y la determinación. Lo transformaremos en energía de lucha para continuar la lucha del Viejo. Digámosle adiós de una manera apropiada sus discípulos, como buenos soldados del ejército de Trotsky. No en cuclillas por debilidad y desesperación, sino firmes de pie con los ojos secos y puños apretados. Con la canción de lucha y victoria en nuestros labios. Con la canción de la confianza en la Cuarta Internacional de Trotsky, ¡el Partido Internacional que será el género humano!